18 ENE 2026
¡El cine seguirá!
¿Por qué cuesta tanto exponer el sistema de ayudas y subvenciones de las que viven las producciones de cine Español? Porque hay dignos y justos profesionales que viven gracias a ellas. Gente honesta, que sí responden de forma legítima a ese dinero proveniente de las instituciones públicas. A esas personas les pido disculpas, pero en adelante deberé generalizar.
Sabemos que allá a donde va el dinero público lleva consigo especulación y corrupción. En cuanto al cine, podemos decir con tristeza que lleva consigo uno de las peores parásitos especulativos: el que no responde ante la calidad y rentabilidad del producto. Nuestros parásitos tienen que pellizcarse para cerciorarse de que no están soñando, ¡cuánto dinero fácil!
Pero seamos más concretos. Un productor al uso responde ante la rentabilidad de su producto. Si el producto genera perdidas, el productor queda lastimado; ha perdido su dinero, su tiempo, y en algunos casos, hasta su salud. En general, se está jugando mucho. Por el contrario, un productor cinematográfico responde ante la justificación de las ayudas y subvenciones públicas conseguidas. No es necesaria rentabilidad. Solo debe asegurarse que todo este “bien” justificado (facturas, recibos y requisitos varios de impuesta moralidad, igualdad, o transparencia). No importa la calidad ni la rentabilidad.
Pero eso no queda aquí, va más allá. El productor puede justificar salarios elevados, compras, hoteles, dietas, gastos… de dudosa necesidad. También puede “lavar” cantidades de dinero en forma de, por ejemplo, material de oficina, mobiliario, atrezo... que pasan a ser propiedad de la productora una vez ha terminado el proyecto.
En conclusión, nuestro especulador tiene mucho que ganar y poco que perder. Y eso afecta al valor y la calidad de nuestro cine. Cine no comprometido, que no le preocupa su calidad, si no su justificación administrativa.
Y podríamos seguir y seguir: ¿Por qué se inflan los presupuestos?; ¿Por qué la mayoría de producciones responden ante un 80% de retorno en ayudas directas o indirectas, lo que hace que se usen a directores noveles o a mujeres -que son los casos que te permiten llegar a esos % de retorno- como productos de usar y tirar?; ¿Y que pasa con los pactos fuera de concurso con televisiones públicas?; ¿Qué productoras resultan todos los años beneficiadas, y por qué se permite ese ciclo ininterrumpido?
A donde quiero llegar, y temo haberme desviado demasiado, es que nuestro cine, debido a nuestras ayudas y subvenciones públicas, no es un cine comprometido, no es un cine responsable de sí mismo. ¡Nadie se está jugando el pellejo! ¡¿Cómo va a ser rentable?! ¡¿Cómo va a ser apasionado y honesto?!
En conclusión, no veo posible un cine justo, transparente y rentable que viva de ayudas y subvenciones públicas. Y para las voces que dicen: “Entonces el cine morirá”. Yo respondo que si el cine no es necesario, entonces que muera. Pero tengo el sentimiento de que no será así. Se despejará el cielo de todas estas nubes que buscan dinero fácil, y quedaremos los que amamos el cine. Los comprometidos.
"La pulsión originaria debe agotarse a sí misma" Gilles Deleuze